Si tuviera que usar sólo una palabra para describirla lo haría con “Sublime”. Es simple, no vale darle más vueltas. Ella es el más claro reflejo de quien debería yo ser. La llamaría mi comandante de vida, suele ser la única que me infunde ánimos cuando los necesito. La aprecio, la quiero, es una amiga como ninguna otra lo es. De hecho nadie podría saber más de mí que ella. La compañera ideal, si fuera real.
Tal vez, si me dieran a elegir uno de mis personajes para proveerle de carne, huesos, sangre, venas, cuerpo, seguramente la elegiría a ella. Es por eso que decidí darla a conocer primero a ella antes que a otros.
Cada una de sus partículas resplandecen valor, nobleza. Y a través de su traje de acero forjado por el mismísimo Dios puedes ver pecados morbosos de almas sin aliento reflejados en él. Empuñaría su espada y escudo con el valor de trescientos hombres para protegerte, defenderte, para luchar, porque no se dejará vencer. Su pureza, su fidelidad no se lo permitirían.
Ella fue la elegida entre miles, millones para la misión de devolverle a la humanidad la inmortalidad recientemente vendida. Para devolverle a los hombres el título de hombres y sus almas perdidas por segunda vez.
Siempre vestida con su traje, su espada enfundada y su escudo indestructible en mano. Pendiente al llamado. Su mirada desinteresada y su humilde semblante le otorgan la sublimidad buscada. Revestida de una pálida y suave piel; tenues curvas de mujer te confundirían. No te dejes engañar. Cuatrocientos kilos carga a diario en su traje. De las más fuertes en el equipo.
Sagaz. No intentes con ella, pocas cosas la conmueven. Su foco esta en la batalla, en el enemigo del subsuelo. Luchando a diario contra los demonios de mi vida no le resta tiempo para temas externos.
Su voz resalta entre los sonidos vulgares de una vida gris y mediocre. Jamás nada podría igualar la sublimidad de su presencia.
Así entenderás que ella es La Guerrera , la comandante de mi vida.

